Gyula Kosice en Bellas Artes

En mayo de este año falleció Gyula Kosice. Artista, teórico y poeta, fue uno de los grandes referentes del arte del siglo XX y lo que va del XXI. Sus obras y toda su cosmovisión fueron sinónimo de vanguardia. No había límites para su creación. A 25 años de su última gran retrospectiva en el Museo Nacional de Bellas Artes realiza esta muestra homenaje que recorre su producción desde los años 40 hasta sus últimos días. Es una muestra muy representativa de una carrera inasible, en la que “su gran desafío fue materializar lo imposible, él buscó darle forma al agua, a la luz, al aire. Pensemos en la cabeza de un escultor que viene de manipular cierta materia como madera, y otros elementos. Y se propone utilizar otros tan inasibles como la luz”, me explicó Rodrigo Alonso, curador de la muestra.


Varias piezas, trabajos teóricos y varios textos de él como pensador del arte contemporáneo están presentes en la exposición. Pueden verse la escultura articulada Röyi, que admitía la participación del espectador, pinturas de marco recortado y una obra de gas neón, de los primeros años Madí. También hay obras que dan cuenta de su interés por el movimiento, la luz y el agua, además de maquetas vinculadas a la Ciudad Hidroespacial, uno de sus proyectos más ambiciosos.
Durante toda su vida, Kosice desafió la tradición escultórica en busca de nuevos materiales, herramientas y tecnologías. No habría para él un tope en el uso de la materia. Desde siempre apostó por la tensión, la vibración estética y lo polidimensional, y abrió el juego a la innovación. El artista formó el grupo Madí junto a Rhod Rothfuss y Carmelo Arden Quinn e incorporó materiales novedosos como los tubos de luz de neón. Logró su cometido de manipular un elemento tan inasible como la luz. En los años 50 elevó la apuesta y se concentró en el agua, dando cauce a las hidroesculturas, algunas de ellas se ven ahora en el Bellas Artes. Progresivamente sus obras adoptaron un componente semántico que remite a la energía que motoriza a la Tierra. El Universo se hace un tema recurrente: galaxias, constelaciones, una arquitectura flotante, así una Ciudad Hidroespacial va adquiriendo entidad. Presentó el proyecto y la maqueta en 1971.

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Kosice expande su arte a proyectos monumentales y públicos, y potencia los recursos técnicos para expandir las propiedades sensoriales de sus esculturas para beneplácito del público. Como aclara Rodrigo Alonso “hasta sus últimos días Gyula Kosice no deja de buscar, inventar, experimentar. No ceja en su persistencia vanguardista, porque el arte, para él, no es un punto de llegada, sino una aventura sin final”.

Puede visitarse hasta el 23 de diciembre.

Extracto de la nota publicada en VANIDADES

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