Maestro del Pop

El pop está en el aire. Desde sus primeros parpadeos, allá a fines de la década del cincuenta hasta su boom en los sesenta y setenta, su llama nunca dejó de brillar. Todos los años a nivel mundial se hacen muestras para revisar este fenómeno. Sin ir más lejos, en septiembre la Tate Modern hará una exhibición dedicada al pop art y, en este momento, en el Walker Art Center de Minnéapolis una muestra pone en valor el contexto histórico en el que emergió el movimiento. Allí, entre grandes referentes, hay obra de Edgardo Giménez. Este multifacético artista argentino comenzó su carrera como diseñador publicitario y fue en el Instituto Di Tella donde puso su energía creativa al servicio del arte. Edgardo y sus colegas artistas hicieron historia, oscilando entre la performance teatral, las artes visuales y la instalación. Es tal la magnitud de su obra que más de un curador extranjero llega a Buenos Aires a investigar sus creaciones y queda fascinado. Somos muy afortunados de que Giménez siga, cinco décadas después, entusiasmado con crear. En estos días una muestra en el Palacio Duhau -Park Hyatt Buenos Aires presenta cuarenta trabajos entre pinturas, esculturas e instalaciones de sus obras bajo el título Hits. Me recibió sonriente, de un buen humor contagioso.

Edgardo Giménez con su obra. (ph. Alejandro Oropeza para Vanidades)
Edgardo Giménez con su obra. (ph. Alejandro Oropeza para Vanidades)

¿Qué podemos encontrar en la muestra?
Hay algunos de los hits. Las panteras fueron un hit, el saltamontes, la instalación de Tarzán y la Mona Chita, el retrato de Isabel Uriburu, que también fue un hit. Es un personaje totalmente emblemático de la ciudad porque es la primera artista que conocí sin obra. El estar con ella una tarde era tan signifivcativo como haber estado en la mejor muestra de arte. Eso me pareció interesante porque fue la primera vez que conocí a alguien así. Transgresora total.

Retrato de Isabel Uriburu, de Edgardo Giménez

¿Podemos decir que es un recorrido por su obra?
No, mi obra es muy vasta. Quedarían afuera la arquitectura, el cine, el diseño gráfico, los muebles (N. de la E: una muestra en la Universidad Torcuato Di Tella exhibió muebles concebidos en la década del 60). No soy un artista que se pueda abarcar con facilidad, siempre se ven pedazos míos, por eso es que hacen falta los libros a veces. Un libro recopila todos los momentos y hace de eso una unidad, pero tampoco reemplaza la experiencia que uno puede tener con las obras. Cuando uno está enfrente de la obra, te conmueve mucho más.

¿Por qué piensa que el pop es actual siempre?
Yo creo que el pop es un arte muy directo y no hace falta una preparación previa para poder entenderlo. Y eso acerca a la gente con comodidad. No creo en el arte que precisa de un libro para ser explicado. Cuando está concretado como debe ser se defiende solo, es un lenguaje. Es como si escribieras un libro y tuvieras que escribir otro para explicar el anterior. Es una locura. Yo creo en las cosas directas. El arte tiene que servir, pero no para seis o siete personas, curadores o teóricos. El destinatario es la gente. Además yo creo que el pop tiene una mirada con humor, que es el gran faltante del momento. Es un arte que te predispone bien, te centra en una cosa amable. No creo tampoco en el arte que te señala las calamidades del planeta. El artista te tiene que mostrar cuál es la salida de esa pesadilla.

Hasta el 12 de agosto en el Paseo de las Artes, Palacio Duhau. Av. Alvear 1661, Capital.Entrada gratuita. De 10 a 19 horas.

Extracto de la nota publicada en VANIDADES

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